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Los Cuidados Paliativos. Nuevas necesidades

por Iglesias Gutiérrez del Álamo, Pablo

Artículo
ISSN: 1889-0016
Madrid IUSTEL 2019
Ver otros artículos del mismo número: 79

A lo largo de la historia, la medicina ha tenido pocos recursos para curar. De hecho, el término “medere” del que deriva la palabra medicina, se acerca más al moderno concepto de cuidado que al de curación. Y así, en tiempos pasados, conscientes de las limitaciones de la medicina, cuando las enfermedades iban “más allá de los recursos del arte”, el médico cedía el paso a los sacerdotes y a los notarios. Hoy, deslumbrados por el imponente desarrollo tecnocientífico de la medicina a lo largo del s. XX, los médicos hemos olvidado este significado original y hemos centrado nuestra atención y nuestro esfuerzo en la curación de la enfermedad y la conservación de la vida. La sociedad entera, seducida por esos éxitos hasta hace poco tiempo insospechados, sueña con una prolongación indefinida de la vida, una especie de inmortalidad. Pero la realidad es que la medicina actual, con todo su arsenal diagnóstico y terapéutico, apenas logra curar algo más que una buena parte de las enfermedades infecciosas que antes provocaban la muerte y algunas otras susceptibles de un abordaje quirúrgico. Se podría decir pues, que sólo curan los cirujanos y los antibióticos, y, aun así, no siempre. El resto del quehacer médico se limita a la prevención de la enfermedad, que sólo es realmente exitosa con la aparición de las vacunas, y al diagnóstico y tratamiento de enfermedades en las que se logra mejorar las tasas de supervivencia, convirtiendo en crónicas las entidades nosológicas que antes eran causa de muerte en un plazo generalmente breve. Estos tratamientos que prolongan la vida no están exentos de “efectos secundarios” que a modo de “daños colaterales” van imponiendo limitaciones funcionales que en cada brote o tras cada complicación menoscaban la calidad de vida de los pacientes haciéndolos cada vez más dependientes.

Tabla de Contenidos

I. Adecuación del esfuerzo terapéutico
II. Rechazo al tratamiento
III. Sedación paliativa
IV. Eutanasia
V. Suicidio asistido
VI. Homicidio
VII. Conclusiones
VIII. Bibliografía


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A lo largo de la historia, la medicina ha tenido pocos recursos para curar. De hecho, el término “medere” del que deriva la palabra medicina, se acerca más al moderno concepto de cuidado que al de curación. Y así, en tiempos pasados, conscientes de las limitaciones de la medicina, cuando las enfermedades iban “más allá de los recursos del arte”, el médico cedía el paso a los sacerdotes y a los notarios. Hoy, deslumbrados por el imponente desarrollo tecnocientífico de la medicina a lo largo del s. XX, los médicos hemos olvidado este significado original y hemos centrado nuestra atención y nuestro esfuerzo en la curación de la enfermedad y la conservación de la vida. La sociedad entera, seducida por esos éxitos hasta hace poco tiempo insospechados, sueña con una prolongación indefinida de la vida, una especie de inmortalidad. Pero la realidad es que la medicina actual, con todo su arsenal diagnóstico y terapéutico, apenas logra curar algo más que una buena parte de las enfermedades infecciosas que antes provocaban la muerte y algunas otras susceptibles de un abordaje quirúrgico. Se podría decir pues, que sólo curan los cirujanos y los antibióticos, y, aun así, no siempre. El resto del quehacer médico se limita a la prevención de la enfermedad, que sólo es realmente exitosa con la aparición de las vacunas, y al diagnóstico y tratamiento de enfermedades en las que se logra mejorar las tasas de supervivencia, convirtiendo en crónicas las entidades nosológicas que antes eran causa de muerte en un plazo generalmente breve. Estos tratamientos que prolongan la vida no están exentos de “efectos secundarios” que a modo de “daños colaterales” van imponiendo limitaciones funcionales que en cada brote o tras cada complicación menoscaban la calidad de vida de los pacientes haciéndolos cada vez más dependientes.

Tabla de Contenidos

I. Adecuación del esfuerzo terapéutico
II. Rechazo al tratamiento
III. Sedación paliativa
IV. Eutanasia
V. Suicidio asistido
VI. Homicidio
VII. Conclusiones
VIII. Bibliografía


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